domingo, agosto 10, 2014

Esa Horrible Prisión de Tela


Empieza el día como todos los demás. Una revitalizante ducha despierta y refresca cada centímetro de mi. En condiciones normales, el contacto con el agua, el jabón y la espuma deberían convertir ese momento matutino en el mejor del día. Sin embargo, no es el mejor del día; es el preámbulo a la agonía.

Mientras me acabo de secar observo la tristeza de mi hermana gemela. Yo también estoy triste pues sé lo que me espera en cuanto termine. Se va la luz y siento como una terrible fuerza me intenta sujetar. No puedo ver a mi hermana, pero sé que ella lucha por su libertad al igual que lo hago yo. Es imposible, me han vuelto a atrapar. Cada día desde hace casi veinte años se repite lo mismo. Cada día desde hace casi veinte años añoro esos felices momentos en los que jugueteaba con mi hermana gemela sin darle importancia al significado de la palabra libertad.

Está oscuro, me encuentro desorientada y me angustia saber que hace pocos minutos era libre. De pronto, mi prisión me estremece, me aprisiona y me golpea impunemente. Son alrededor de las nueve de la mañana y como todos los días algo pasa. Parece como si alguien luchara con mi prisión para ayudarme escapar. ¿Será Clara, mi amiga de la infancia? Seguramente, porque no sé quien más me podría ayudar a escapar.

La brusquedad de los movimientos de mi prisión se detiene. Definitivamente, como cada vez que lo intenta por la mañana, Clara no consigue liberarme. Aprovecho este momento de soledad y tranquilidad para recordar cuando era joven y libre. Cuando nadie notaba mi presencia y podía, por tanto, juguetear alegremente y sentir las caricias del viento.

Han debido de pasar unas cuatro horas y Clara tiene hambre, lo noto por los espantosos sonidos que emite mi vecina de abajo. ¡Qué pesadilla! Cada día escucho esa escandalera al menos tres veces al día. Cuando era libre lo soportaba con paciencia, al fin y al cabo tenía otras cosas con las que distraerme. Pero ahora prisionera, es un sonido angustioso e insoportable. ¡Por fin! Clara se levanta para acallar a esa desagradable chillona. Voy a seguir encerrada unas horas más, pero al menos con algo de tranquilidad.

Se sucede el resto de la tarde y el aburrimiento cae sobre mí. No hay nada más aburrido que estar prisionera en esta oscura y diminuta prisión. Aprovecho para recordar otros tiempos en los que Clara jugaba conmigo y mi hermana. Cuando chapoteaba junto con mi hermana en el mar sin preocuparme de las ataduras a las que me han conducido los años. Cuando era niña y era feliz.

Son alrededor las nueve de la noche. El estrés de todo el día parece haber llegado a su fin. Espero ansiosa este momento, el mismo momento liberador de todos los días. Noto un forcejeo y mi cárcel empieza a ceder. Miro hacia arriba y veo la sonrisa de Clara. Se la ve cansada, agotada pero sonriente. ¡Por fin me ha liberado!

Ahora, me esperan unas merecidas horas de descanso hasta que suene de nuevo ese horrible ruido que marca el principio del día. Entonces será cuando, de nuevo, Clara no tenga piedad y me vuelva a encerrar en esa horrible prisión de tela.

Chechu,
10/08/2014

martes, julio 22, 2014

El Pirata Viajero


La suave brisa del mar se mezclaba armónicamente con el impetuoso son de un viejo cantico marinero. ¿Qué haremos con el marinero borracho? cantaban algunos bravos tripulantes del "Tiburón del Caribe". Afeitar su vientre con una hoja oxidada replicaban los demás. Aquella popular canción irlandesa unida a la esperanza de alcanzar inhóspitos lugares, les daba la fuerza necesaria para realizar los pesados quehaceres de aquél fabuloso barco.

Se trataba de un bergantín robado hace años a un descuidado capitán de la armada española. Tras lograr la captura del terrible pirata apodado "El Jamaicano", éste se aprovechó de las ansias de aventura de un joven marinero. No hicieron faltas amenazas para ser liberado, tan sólo una simple promesa de viajes y aventuras. El resto lo cuentan las crónicas. Aprovechando la oscuridad de aquella noche sin luna, la tripulación fue pasada a cuchillo y sustituida por otra en la isla Tortuga.

Ahí me encontraba yo, de pie en el puente de proa observando orgulloso a mis hombres trabajar. Sí, aquel jovenzuelo aventurero se había erigido tras la muerte del Jamaicano en el dueño del "Tiburón del Caribe". No fue fácil. Mi mentor me enseñó con disciplina y paternal dedicación los secretos para convertirme en lo que soy. Sí, yo Miguel "el Vasco" me había convertido en uno de los más temibles tiburones que surcaban el mar Caribe.

Los relatos de viejos marineros que volvían de las Américas me habían llevado siendo un imberbe adolescente al Puerto de Palos para embarcar en un majestuoso bergantín. Mis primeros días fueron duros. No conocía nada de la mar y mis compañeros de viaje no parecían deseosos de compartir sus conocimientos conmigo. Además, el continuo vaivén del barco y la escasez de comida no ayudaban demasiado.

Un día, tras cruzarnos con una isla pregunté, ¿Podríamos fondear aquí y conocer esa isla? ¡Muchacho! ¿tanto calor te ha quemado la sesera? Me respondieron. Así, se fueron sucediendo los fabulosos lugares que no íbamos a visitar y las burlas de mis compañeros. Quería aventura. Quería descubrir mundo. Quería sentirme libre en el vasto océano. Quería lo que los demás no querían.

Conforme aumentaba la monótona rutina del mar, también lo hacían los inquietantes relatos de piratas. El Mar Caribe se iba acercando y con él el coto de caza de los llamados Hermanos de la Costa. ¡No hacen prisioneros! Decía un veterano marinero. ¡Los protege el mismísimo Diablo! decía otro.

De pronto, en el mediodía de un día soleado apareció lo que todos esperaban pero nadie quería. Un pabellón tan negro como el carbón guiaba una jauría de lobos de mar ansiosos por capturar una nueva presa. La calavera y los dos huesos cruzados no dejaban lugar a dudas. ¡Eran Piratas! ¡Preparados para el combate! ¡Todos a vuestros puestos! Voceaba de un lado a otro nuestro capitán.

Tras un tímido intercambio de cañonazos, aquellos filibusteros nos abordaron. Luchaban con mucho tesón y mucha virulencia, pero nuestro capitán con inteligencia. Sufrimos bajas, muchas bajas diría yo; pero ellos muchas más. Finalmente los temores de la tripulación se disiparon al comprobar que tan fiero no era el rival. Aquellos piratas fueron condenados al acero de nuestras espadas. Su capitán al hierro de unas esposas.

Quedaban pocos días para llegar a nuestro destino y mi ánimo iba mejorando. No por la cercanía del Puerto de la Española, sino por la conversación que me daba el malogrado pirata. Viajar por todo el mar Caribe descubriendo los más magníficos lugares, vivir sin las restricciones de la sociedad... La Armada nunca pudo ofrecerme lo que me estaba ofreciendo mi hermano de la costa.

El fin del cántico me devuelve a la realidad. ¿Qué haremos esta veraniega mañana? ¿Qué océano cruzaremos? ¿A qué inhóspitos lugares llegaremos? Me preguntaba cada vez que escuchaba esa canción. ¿Qué haremos con el marinero borracho? Volvió a gritar un pirata. ¡Afeitar su vientre con una hoja afilada! Respondí yo.

Chechu,
23/07/2014

Uso correcto de parámetros


Una de las heurísticas de diseño más importantes a la hora de desarrollar Software es aquella que nos propone parametrizar todo aquello que pueda ser susceptible de verse modificado en un futuro. De esa manera, se consigue facilitar en gran manera la labor del programador a la hora de cambiar partes del código.

En este artículo pretendo ahondar en la importancia de la parametrización y en cómo usarla adecuadamente, especialmente cuando atañe partes del nombre de un fichero. Así pues, voy a empezar tratando de explicar qué entendernos por parametrizar.

Parametrizar es sustituir trozos más o menos grandes de código fuente por un identificador. Posteriormente, ese trozo de código fuente sustituido es escrito en otro lugar y relacionado con el identificador dado. La idea básica de esto es colocar en un sólo lugar un trozo de código que se repite varias veces, para modificarlo en un sólo lugar en el momento que éste se tenga que modificar. Es decir, el clásico ejemplo de una aplicación que realice multitud de conversiones entre divisas. Si no parametrizáramos los coeficientes de conversión de divisas, cada vez que estos cambiaran (a diario) tendríamos que ir cambiándolos a mano operación por operación. En cambio, al parametrizarlos sólo tenemos que cambiarlos una vez.

Ahondando en el ejemplo, podríamos incluso ahorrarnos esa pequeña actualización manual si establecemos un proceso que actualice esos coeficientes cada vez que cambien. Por ejemplo a través del acceso a una base de datos actualizada constantemente.

De este modo, la parametrización es una técnica muy importante para aumentar la eficiencia en el desarrollo y mantenimiento de una aplicación.

Esta ventaja concebida en un principio para evitar trabajar más de la cuenta, se convirtió en la base del uso de funciones, procedimientos y demás mecanismos de abstracción. De los cuales sólo diré, para mostrar la importancia que tuvo esa técnica, que es la base teórica del paradigma orientado a objetos.

Volviendo a la parametrización pura y dura, hagámonos la siguiente pregunta. ¿Sólo se puede dar la parametrización si el valor parametrizado aparece muchas veces? No. Imaginemos un valor susceptible de cambiar en el futuro que se encuentre una sola vez en un código fuente de 2000 líneas. ¿Vamos a ir línea por línea buscándolo? Es una absurdez que conlleva un serio problema de eficiencia a la hora de realizar tareas ligadas al mantenimiento correctivo o evolutivo. Lo suyo, es parametrizar todo aquello que pueda cambiar en un futuro, y (muy importante) tener sus valores en un lugar fácilmente identificable. De nada sirve tener una parametrización maravillosa y tardar luego mil horas en encontrar el lugar en donde cambiar los valores, algoritmos, etc parametrizados. Un error, por cierto, muy habitual.

Ahora bien, no es oro todo lo que reluce; parametrizar no es gratis. El uso de la parametrización conlleva un coste asociado de tiempo de compilación y/o de ejecución; según dónde y cómo se haga la traducción del parámetro por su valor. Evidentemente, en un procesador actual, con un compilador moderno, y con un código normal ese tiempo adicional de procesamiento es prácticamente despreciable. Sin embargo, si hablamos, por ejemplo, de aplicaciones en tiempo real o aplicaciones con un gran volumen de cálculos, ese tiempo no es tan despreciable. Así mismo, por poner otro ejemplo, si hablamos de una máquina muy antigua con una limitación importante en términos de tiempo de procesamiento, tampoco.

Además de ello, hay que tener en cuenta el factor cognitivo. Es posible que en un primer momento pueda parecer una tontería, pero es un factor muy importante a la hora de mantener una aplicación informática. Es mucho más sencillo realizar tareas de mantenimiento cuando los nombres de los parámetros, variables y demás identifican claramente el elemento sustituido que si esos nombres se ponen aleatoriamente. Así pues, si sustituimos los valores de los coeficientes de transformación de divisas son más manejables nombres como:

coef_peseta_euro = 0,166;
coef_euro_dolar = 0,785;

Que si ponemos nombres como:

CPE = 0,166;
CED = 0,785;

Dicho todo esto, me gustaría centrarme en un ámbito en donde suele ser bastante común parametrizar. Los lenguajes de script que permiten manejar nombres físicos de ficheros y parametrizar parte de su nombre. La verdad es que soy bastante reticente a la hora de hacer uso de esa técnica en esas circunstancias. Tan sólo soy partidario de hacerlo para algunas excepciones como dotar al nombre del fichero de un identificador que lo diferencie de otros ficheros de las mismas características, por ejemplo de tiempo. En otras situaciones, creo que o bien se debe parametrizar el nombre completo del fichero o bien no se debería de parametrizar nada.

Ahí entra otra de las heurísticas fundamentales a la hora de diseñar una aplicación. Establecer eficientemente cómo se va a gestionar esa aplicación una vez en funcionamiento, es igual o más importante que su correcto funcionamiento. Hay que tener en cuenta que hoy en día las aplicaciones informáticas son enormes, con mucha casuística y con limitaciones importantes de tiempo y presupuesto en su fase de creación. Dadas las circunstancias, es muy difícil asegurar que vaya a funcionar todo correctamente a la primera. Por eso es importante establecer un mecanismo, ya en la fase de análisis, que permita analizar errores y hacer correcciones rápidamente sobre el código.

¿Qué implica eso en la parametrización del nombre de los ficheros? Pues que toda parametrización tiene que estar hecha con cabeza.

Una de las operaciones de mantenimiento más habituales en un código que maneje nombres de ficheros, es el análisis el contenido de los ficheros que aparecen. En el momento que se tarde más tiempo en buscar como se traduce cada parámetro del nombre del fichero que en realizar el análisis de los datos contenidos en el fichero, la parametrización no tiene ningún sentido. Te hace perder el tiempo y por lo tanto no es efectiva.

Por otro lado, si recordamos que la base de parametrizar es sustituir trozos de código susceptibles de variar en el tiempo, hay que pensar hasta qué punto el nombre de un fichero va a variar. Evidentemente, uno puede poner con calzador nombres de ficheros variantes... pero no deja de ser meter algo con calzador. Eso sólo tiene sentido cuando se les quiera dotar de una marca de tiempo o algo identificativo a un fichero resultado. Pero ahí entra otra heurística fundamental: buscar la máxima coherencia. La generación de esos ficheros se debe de hacer en un proceso aparte distinto del que haga las transformaciones de los datos. Es un sacrilegio mezclar una cosa que tiene una cohesión secuencial con otra que tiene cohesión comunicacional.

Así pues, recapitulando, podemos establecer los siguientes puntos:
  • Cualquier elemento susceptible de variar en el tiempo se tiene que parametrizar si la parametrización no supone un serio problema de rendimiento computacional.
  • Toda parametrización debe de responder a una política previamente definida de parametrización.
  • La modificación de los valores de los elementos parametrizados debe de poder hacerse de manera eficiente.
  • Los parámetros en nombres de ficheros sólo deben de ponerse en módulos comunicacionales.

Chechu,

23/07/2014

domingo, mayo 25, 2014

¡Sagerao Europa!


Hará algo más de un año, dos jóvenes españoles tuvieron su minuto de fama al imitar en pleno Parlamento Europeo a la más chabacana de las concursantes del programa de televisión Gandía Shore. Tanto les debió gustar los malos modos y la actitud chulesca de la efímeramente famosa Ylenia que al final de un discurso realizado en un terrorífico y macarrónico inglés, se despidieron con un "¡Sagerao España!".

La noticia, que trascendió en todos los medios de comunicación nacionales y algunos europeos, mostraba una juventud española más preocupada en asuntos banales que en su propio futuro. Además, reafirmaba ese constante "San Benito" de "Spanish people don't speak English". No obstante, en ninguno de los artículos relacionados que leí se precisaba que carajos hacían dos imberbes estudiantes de un instituto hablando en la sede principal del gobierno de la Unión Europea.

Hace casi 15 años, un jovenzuelo estudiante de bachillerato se encontraba sentado en un escaño del parlamento Europeo contemplando la inmensidad de la sala parlamentaria. A su alrededor, decenas de jóvenes llegados de toda Europa esperaban con ansia que aquel acto comenzara. Su presencia ahí no era cosa ni de un día, ni de dos. Para poder estar sentados en ese escaño, todos esos jóvenes habían tenido que competir contra otros muchos jovenzuelos en un concurso que año tras año organiza la Unión Europea.

Habían pasado ya varios días desde que nos dieron la noticia. Por culpa de unos incívicos de años anteriores, nosotros no tendríamos la ocasión de disfrutar del tradicional viaje de fin de bachillerato. Aunque los ánimos se habían calmado durante los últimos días, el aroma de indignación se sentía por todas las aulas y todos los pasillos. ¿Qué culpa teníamos nosotros de las salvajadas cometidas por unos terceros? La clase de filosofía iba a comenzar. Mientras esperábamos que el profesor de turno nos contara las múltiples cualidades del ser y del no ser, éste nos tenía preparada una sorpresa; nos propuso participar en un concurso llamado "Euro-Escola". El premio, un viaje a Estrasburgo y la participación en un acto con otros estudiantes europeos en el mismo Parlamento Europeo. Aunque nuestra devoción por las instituciones europeas era bastante escasa, nuestro consentimiento fue unánime. ¡Queríamos un viaje de fin de bachillerato y, de una u otra manera, íbamos a luchar por conseguirlo!

El reto que Europa nos proponía era hacer algo que sirviera a concienciar a los de nuestro alrededor de la importancia de votar en las Elecciones al Parlamento Europeo. Tras una sempiterna reunión llena de ingeniosas propuestas, la idea que meses más tarde nos llevaría a Estrasburgo tomó forma. Sin embargo, aunque genial, la idea no nos iba a asegurar ganar el concurso. El centro de estudios, sabedor de que nuestra participación tenía muchos tintes de acto de rebeldía, nos puso las mil y una zancadillas para impedirnos ganar.

Casi un año después, nos encontrábamos en un autobús esperando para que nos dejaran entrar en la sede del Parlamento Europeo. De todos los autobuses que iban a llegar ese día, nosotros habíamos sido los segundos o terceros. Sin embargo, tuvimos que esperar más de una hora para que nos dejaran bajar. La razón... el protocolo indicaba que los españoles teníamos que ser los últimos en entrar. ¡Empezaba bien el día! ¿Así pretenden que nos identifiquemos con Europa? ¡Sagerao Europa!

Tras la absurda espera y un desayuno decentillo, nos invitan a sentarnos en los diferentes escaños del Parlamento. Allí escucharíamos las presentaciones que los distintos grupos de alumnos y el bochornoso y posterior turno de preguntas acerca del funcionamiento de las instituciones europeas. Ahí, la pregunta de un luxemburgués destacó entre todas. El menda soltó en francés lo siguiente. "¿Por qué se permite en Europa el uso de idiomas minoritarios como el español, el portugués o el griego?" Si, tal cual, y se quedó tan ancho. Para mí que se debió poner enfermo el día en que daban en clase aquello de que el español se habla más en el mundo que el francés. Lo mejor fue la respuesta de la responsable del Parlamento. "Tienes razón. Sería conveniente prohibir la utilización de esos idiomas. Pero si hacemos eso, España, Portugal y Grecia se molestarían". ¡What the fuck! Espectacular la cara de poema que se nos quedó a los españoles, portugueses y griegos que estábamos ahí. Ese momento marcó para siempre mi postura respecto de la Unión Europea. ¿No me quieren? Yo tampoco les quiero.

Tras esa primera toma de contacto, tuvimos el almuerzo con jueguecito incluido. Se nos propuso hacer equipos de 4 personas de distintas nacionalidades para contestar un cuestionario de cultura general europea. Fue entretenido, en especial cuando me acerqué a entregarle el cuestionario relleno a uno de los responsables del parlamento. Un tipo simpático. Con una sonrisa de oreja a oreja me soltó: "no sé por qué los españoles participáis en este juego si no tenéis ni idea de nada." Lo dicho, un tipo de lo más simpático. ¡Sagerao Europa!

Después de conocer la simpatía existente en las instituciones de la Unión Europea, nos dividimos en grupos para debatir los distintos problemas de la Unión. Allí, la moderadora nos pidió que eligiéramos el Inglés o el Francés ya que ella no hablaba más idiomas. Como es habitual en este tipo de cosas, elegimos mal. Lástima que quién critica a los españoles por no saber idiomas no estuviera ese día. ¡Vaya recital de despropósitos lingüísticos que dio el grupo de alemanes al hablar en inglés! El caso es que viendo que ni españoles, ni italianos, ni ingleses, ni franceses, ni suecos, ni nadie entendía esa extraña mezcla entre inglés y alemán con la que nos deleitaban; a propuesta de nosotros, el grupo de españoles, se acordó por voto positivo de todos los grupos menos el alemán, hablar en francés.

En el acto de clausura, reunidos de nuevo en los escaños del Parlamento Europeo, se nos pidió nuestra opinión sobre la jornada. El portavoz del grupo de alemanes, ni corto ni perezoso, se quejó de nuestra actitud. "Hemos tenido que hablar en francés porque los españoles no saben inglés". La respuesta... la más evidente. "Tenéis razón, los españoles no hacen nada para integrarse en Europa". Por mi parte, sobran las palabras.

Hoy, 25 de mayo los españoles estamos invitados a acudir a los colegios electorales para votar en las elecciones europeas. Mi voto lo ganaron los euroescépticos hace 14 años. ¡Sagerao España!

Chechu,
25/05/2014

viernes, mayo 16, 2014

Carta abierta contra el "canon google"


El otro día leí una entrevista que me convulsionó. En una entrevista realizada al dueño de una famosa página enlazadora de noticias, éste se quejaba de que las peores consecuancias del futuro "canon google", eran que este canon ahogaría económicamente los medios de comunicación no pertenecientes a los grandes grupos difusores de noticias, supondría la desaparición de las páginas enlazadoras de noticias, y complicaría la labor de quienes nos gusta expresar nuestra opinión en las llamadas bitácoras de internet.

Ante lo cual, decidí escribir la siguiente carta a la asociación de prensa española:

A riesgo de que este correo acabe en la carpeta de elementos borrados de su programa de mensajería, me voy a arriesgar a enviarles este correo. Tal vez alguna de las opiniones vertidas sean duras y tal vez puedan ocasionar reticencia de su parte. Si embargo, sabido es que ustedes, por su profesión, conocen más que nadie en este mundo la importancia de la información, de la libertad de expresión y de la importancia de las críticas constructivas. Por eso mismo, les animo a leer todo mi escrito y pensar sobre todo aquello sobre lo que seguramente no habían pensado con anterioridad. 

¿Por qué les digo eso? Porque creo que se equivocan. Ya no por empeñarse erre que erre con las líneas editoriales. Sino por mostrar ante la sociedad una visión totalmente simplista y desacertada de la reducción de la venta de sus productos. "Internet nos quita el negocio" dicen. Eso no es totalmente correcto. Es cierto que la gente lee los titulares más importantes en internet y es cierto que se puede conocer "lo gordo" con un simple click. No obstante, deberían de darse cuenta de que ese no es su negocio. El derecho a la información es un derecho adquirido presente en nuestra constitución, por lo que ustedes no pueden monetizar ese acceso a la información. Su negocio está en la excelencia en cuanto a la presentación de esa información. No es lo mismo leer detalladamente un extenso reportaje realizado por un profesional sobre un determinado suceso, que leer un titular. Me gustaría que se dieran cuenta de que la perdida de cuota de mercado que sufren se debe principalmente a una notable pérdida de calidad en su trabajo y un aumento absurdo de la radicalización de sus líneas editoriales. Mucha gente, sobre todo las nuevas generaciones, está, como vulgarmente se dice, hasta las narices de su empecinamiento en mantener ese concepto caduco llamado línea editorial. Si quieren sobrevivir, no sobrevivan a costa de apoyar la limitación del derecho de información por parte de los que no están asociados a ustedes. Si quieren sobrevivir, tómense en serio su trabajo como periodistas e informen verazmente de los sucesos.Entrando en el meollo de la cuestión, tengo que reconocerles que no suelo leer periódicos de pago. Esta circunstancia no se debe na a motivos económicos, ni, por mucho menos, a motivos de enemistad contra ustedes. La razón se debe, simple y llanamente, a que me gusta tener un conocimiento imparcial y no ideologizado de lo que ocurre en el mundo. Personalmente no me compensa gastar mi dinero y mi tiempo en leer algo influenciado por ese enorme error que ustedes llaman "línea editorial". Cuando leo "El Mundo", "El Pais", "La Razón" "El ABC" o cuando escucho "La COPE", "La SER", "Intereconomía" me da la sensación que en vez de informarme, están tratando de insultar mi inteligencia a base de tratar de manipularme. De ahí, que me haya buscado las habichuelas para encontrar medios de comunicación con menor intencionalidad de influencia. Periódicos gratuitos a través de internet, enlazadores de noticias independientes, bitácoras personales, etc.
Me preocupa especialmente esa modificación legislativa amparada por ustedes en la que pretenden la existencia de un canon por hacer uso de noticias elaboradas por terceras personas.
Primeramente porque ustedes ya están protegidos económicamente en el momento que establecen un copywright en sus publicaciones.
Segundo, porque la recogida de ese canon y posterior repartición se haría a través de un tipo de asociación privada (gestores de derechos de autor) ajena al control directo gubernamental (el canon es una tasa impuesta por un poder público y por tanto dinero perteneciente a la hacienda pública) que exige el pago por recibir una compensacion otorgada por una ley. Es como si, por ejemplo, para recibir la devolución de hacienda uno tuviera que pagar la inscripción a una agencia gestora de las devoluciones de hacienda.
Tercero, porque esa ley es muy peligrosa para la sociedad. Ese canon va a ahogar económicamente a las pequeñas empresas prestadoras de información a la par que limitar la libertad de expresión instaurada actualmente en internet. Además de eliminar un sector productivo de la sociedad, lo que acarrearía aumentar los problemas de paro; provoca la persistencia en el modelo anteriormente descrito basado en la "línea editorial". Esa línea editorial, cuando se radicaliza (algo que pasa actualmente en los principales medios) puede provocar fanatización y enemistad entre polos opuestos (como ya ocurre en este país: barcelonistas contra madridistas, gente de derechas contra gente de izquierdas, independentistas contra los que no lo son...). 

Por eso mismo, desde mi humilde posición les invito a apostar por un periodismo más veraz, menos politizado y de calidad. También les invito a no seguir apoyando y sosteniendo ese disparate legislatico que pretende limitar el derecho a la información.
Por supuesto, tras una semana de enviar el escrito aún no he obtenido respuesta.
Chechu,
16/05/2014